Salud Mental. Un ensayo de visión en la historia. Francis Elizalde

Salud Mental. Un ensayo de visión en la historia. Francis Elizalde

Salud Mental: un ensayo de visión en la historia. 

 

Con este título en la mano comencé hace un año a idear esta intervención. Quiero resaltar que el título señala como tema la “Salud mental”, y no la enfermedad mental. Si hubiera sido “la enfermedad mental”, los resultados hubieran sido muy otros: de hecho el primer material al que acudí fue la “Historia de la locura en la época clásica” de Foucault, pero allí se hablaba –y qué bien, por cierto- de la evolución cultural del concepto y el campo de la enfermedad mental. Pero opté por atenerme al tema, sobre todo cuando, buscando en Internet, encontré literalmente cien veces más información acerca de enfermedades mentales que de cordura.

Dada la manera T.G. de entender la salud mental, escogí un campo del conocimiento antiguo, concretamente el de la filosofía griega, con la pretensión de averiguar si allí había antecedentes claros de su manera de enfocar y proceder. Entiendo que ya ha quedado expuesto a través de diferentes estudios que hay antecedentes : en el budismo, en el sufismo, en el taoismo… El interrogante que me ronda es este: si Perls era veraz y acertaba cuando decía que había hallado algo inseparable de la misma naturaleza de los seres vivos, ¿habrá sido hallado ese mismo algo una y otra vez por distintas escuelas de buscadores?

Enseguida comprendí dos cosas: El concepto de Salud Mental es de muy reciente acuñación y su contenido es muy vago. Desde luego no había referencias a este concepto concreto en los textos griegos antiguos. La referencia más antigua que he encontrado data de 1840, y viene de la mano del austriaco Ernest von Feuchtersleben. un barón filósofo y médico que definió las fronteras entre lo mentalmente normal y lo patológico; asignó el término “psicosis” a los cuadros patológicos que hoy seguimos llamando psicóticos. En los textos de los orígenes de la filosofía griega no aparece el concepto de salud mental (S.M,), pero sí el sustrato de las preguntas que los filósofos se hacen a sí mismos, y este sustrato sí que es compatible con nuestro actual concepto de S..M. Se trata siempre de hallar una forma de vida que armonice las circunstancias de la vida humana, incluyendo las potencias de los individuos (intelectuales, emocionales , sensoriales), las necesidades creadas por la vida en sociedad y las imposiciones del devenir, del destino de cada vida.

Para articular su respuesta, cada escuela escoge un objetivo hacia el que apuntar (física, ontología, ética…) y cada una desarrolla una terminología. He preferido buscar el común denominador a seguir cada itinerario específico de los que me ofrecen. De esta manera he identificado salud mental con términos distintos (felicidad, cordura, calma…) que significan lo mismo: Vivir Bien.

II

De los Siete Sabios (que De Crescenzo nos cuenta que fueron veintidos) sabemos que vivieron en torno al año 585 a.C. porque todos ellos pudieron observar el eclipse solar del 25 de mayo de aquel año. Para García Gual son representantes de un momento crucial en la historia del conocimiento son tenidos por sabios, “sophós”, gracias a que descollaban en alguna habilidad, a que tenían la ciencia teórica y la capacidad práctica para emplear los medios adecuados a la consecución de un fin propuesto. Después de ellos, el saber se va haciendo más abstracto y crítico (2), se terminan los sabios y quedan los filo-sophos, los que buscan –porque la han perdido- la sabiduría.

De ellos nos han quedado sobre todo las Sentencias, transmitidas por tradición . Su principal característica formal común es el laconismo de los enunciados. Buscan , y lo expresan en esas mínimas máximas “el orden, la paz y concordia, el provecho comercial, la moderación, en fin, unos ideales mínimos de la utilidad comunitaria”. Cuenta una tradición que en cierta ocasión los siete fueron a Delfos y fueron invitados a grabar una máxima en las paredes del templo. Los aforismos que escogieron nos pueden dar una idea de qué se traían aquellos hombres entre manos; fueron los siguientes: Quilón de Esparta escribió en el frontón de la entrada: “Conócete a ti mismo”. Cleóbulo: “Optima es la medida”. Periandro: “La cosa más bella del mundo es la tranquilidad. Solón: “Aprende a obedecer y aprenderás a mandar”. Tales: ”Acuérdate de los amigos”. Pítaco: “Devuelve el depósito”. Y Bias, se hizo de rogar y, forzado a decir lo que prefería callar, grabó: “La mayoría de los hombres es mala”. (3)

En aquella época, el consejo como “prescripción e ideal” de modos de vida acertados es el rastro que encuentro de la preocupación por la salud mental. Parece que ésta es inseparable de los valores que ligan a los hombres entre sí y con las fuerzas que les superan, con los dioses y la fatalidad. Las indicaciones están dirigidas a cada individuo, pero también a la comunidad en su conjunto. Son proposiciones en las que no puede separarse un aspecto político de otro práctico, ni éstos de otros morales, religiosos, higiénicos, mercantiles, estratégicos… Suponen algo que no son reglamentaciones y que gracias a eso mismo evitan el imponer tiránicamente modelos arbitrarios; al contrario, invitan a juzgar los devenires de la vida personal y social según se atengan o no a estos consejos. Por ejemplo:”

“Huye del placer que procura pesar”, “nada en demasía” (Solón, legislador de Atenas). “Mantén bien el cuerpo y el alma” “educa a los hijos”(Cleóbulo). “ “En el camino, no te apresures a adelantar”. “estando bebido, no hables mucho, que faltarás” (Quilón, director general de tráfico). “La inactividad es un tormento”, “la intemperancia es dañina”, “la falta de educación es pesada” (Tales). “Devuelve los préstamos” “Conoce el momento oportuno” (Pítaco de Lesbos). “Gana después de persuadir, no haciendo violencia”, “no seas bonachón ni taimado”, “ponte a la obra lentamente, pero lo que comiences, asegúralo (Bías de Pirene). “La democracia es mejor que la tiranía”, “insulta como si fueras a hacerte pronto amigo”, “sírvete de leyes antiguas y de alimentos frescos” (Periandro).

Dejando atrás a estos primitivos encontré en el libro de De Crescenzo el caso de un tal Antifonte de Atenas, de quien se sabe que abrió una “tienda de consuelos”, en la que anunciaba que podía aliviar cualquier sufrimiento psíquico sólo con la fuerza de las palabras, lo que nos sitúa ante el primer fósil de psicoterapeuta mencionado y nos da al mismo tiempo la visión de que en sus tiempos se tenían en cuenta asuntos de sufrimiento psíquico. Le dejo fundando la secta de los Sofistas y llego a Sócrates, ejemplo de coherencia y de buen vivir.

No había contado con visitar a Sócrates (ni a Platón ni a Aristóteles) pero su influencia en los desarrollos posteriores, su papel de bisagra, su impacto definitivo en la historia del pensamiento me hizo detenerme en él. ¡Sólo ahora me he enterado de que por algo sería cuando a los filósofos se los agrupa en Presocráticos y Otros! Sócrates no escribió; su verdadera aportación al descubrimiento y la práctica del camino que lleva a la salud mental fue su misma vida. Como sabemos, fue juzgado y condenado a muerte, y dos días después de su muerte reivindicado y llorado por todos y depuestos o ajusticiados sus acusadores. De sus costumbres sabemos que no desdeñaba la diversión ni los desenfrenos, y que al mismo tiempo no cedía ante las circunstancias más exigentes. Tres veces luchó como soldado, las tres a pleno rendimiento. La virtud de la transparencia, tan comentada entre nosotros, parece haber anidado en él y haber funcionado como agente de contagio hacia sus estudiantes y seguidores. Nuestra ignorancia es para él la que nos oculta el bien, y, para vencerla, “hay que cuidar bien la propia alma, educarla en la búsqueda de lo verdadero, que coincide con lo justo, lo bueno y lo bello”(4) Tuvo tres hijos, dos mujeres, y amantes de ambos géneros, los que tuviera. Y dejó muchas escuelas tras de sí, inspiradas por la altura de su comportamiento.

Los cínicos nacieron de la estela de Sócrates Me enamoraron desde que leí “La secta del perro”, de Carlos García Gual. Allí viene citado Nietzsche diciendo que “los escritores cínicos, con un amasijo muy grande de estilos, con su fluctuar entre las formas prosaicas y las métricas alcanzaron a representar literariamente al “Sócrates furioso” al que solían representar en la vida”. Sócrates furioso”” es una expresión que me hace pensar en las divinidades airadas que son todo compasión…

Ejemplo de comportamiento cínico lo dio un tal Demonax. De él cuentan que “era un individuo que no molestaba a nadie: sencillo, siempre de buen humor, amigo de todos. El pueblo le daba de comer sin que él tuviera necesidad de pedirlo. Cuando se presentaba en una asamblea, los magistrados se ponían de pié y todos guardaban el más absoluto silencio. Habiendo llegado a muy anciano, puso fin a su vida absteniéndose de comer; los atenienses le tributaron honores fúnebres a expensas del estado y coronaron de flores su tumba” (5)

Antístenes, el primer cínico; fue discípulo fervoroso de Sócrates (se iba con sus alumnos a escuchar al sabio y hacía gala de compartir con ellos el discipulado ante quien reconocía como más piadoso que él mismo) y maestro de Diógenes, llamado “el Perro”, el más popular de todos, el que vivía en un barril y por toda petición respondía a Alejandro Magno que se retirase a un lado, que le estaba haciendo sombra. Y discípulo de Diógenes, Crates, el más elaborado de los tres; abandonó sus pingües riquezas, se echó al campo, cultivó la poesía en sus formas más populares y dejó dicho que “los objetos de plata y púrpura son útiles para los actores trágicos, pero no para la vida”.

Tenía yo muchas esperanzas puestas en los textos de los cínicos como fuente de normas de conducta, comprensibles o paradójicas, tocantes a la S.M., pero no fue así. Han resultado ser más propagandistas a través de la acción que teorizadores. Sí que puedo contar que exaltaron el camino de la vuelta a la naturaleza, el abandono de toda artificialidad por ser fuente segura de incordio y error; el desprecio por las necesidades (6) y que adoptaron como supremos valores de la existencia los del alma. Propugnaron la higiene social de desprenderse de los mandatos contingentes, de considerar con distancia, humor e ironía las leyes que, al fin y al cabo, los mismos hombres propugnan para encauzar a los hombres y así huir de espejismos que desvían el alma individual de su destino individual. Y de ellos nos quedan más anécdotas que doctrina.

Del mismo tronco de Sócrates nacieron los cirenaicos, fundados por Aristipo. Dice De Creszenzo que “el pensamiento de Aristipo se concentra en la capacidad de saber vivir “el instante que huye”. La mayoría de las personas soportan la propia existencia sea deteniéndose en los recuerdos del pasado, sea aferrándose al futuro. Pocos seres superiores (según Aristipo) consiguen vivir sumergiéndose en el presente. Detenerse en el momento presente y considerar en este momento no tengo desgracias, soy feliz o tener sed y conseguir un vaso de agua pensando ¡qué buena está el agua! es un comportamiento cirenáico.

Más que en los cínicos encuentro en este Aristipo una invitación a la salud mental considerada como un todo con la salud general. Un par de anécdotas lo explicarán: estando en los baños Demóstenes el Perro y Aristipo éste se vistió con el viejo saco que era el uniforme y la profesión de fe del cínico, y le dejó a cambio su túnica lujosa. Demóstenes, cabreado, salió a la calle desnudo con tal de no renegar de sus convicciones, y Horacio, (un Horacio que pasaba por allí) que comenta la escena, dice que entreambos prefiere a Aristipo, que lleva con desenvoltura ambos mantos. Es decir, que era menos rígido, que su postura era más integradora, más “y” que “o”. En otra anécdota, afeaban a nuestro cirenaico el frecuentar prostitutas y respondió diciendo que porqué no, puesto que las poseía, pero no era poseído por ellas. “Vivir quiere decir atrapar el instante justo con la justa disposición de espíritu, siendo en todas partes un extranjero”. Aristipo hace hincapié en la actitud con la que afrontar las circunstancias de la vida, más aún que en seleccionar aquellas circunstancias consideradas como favorables entre todas las demás. “Si para los cínicos “libertad” significaba contentarse con poco para no sufrir la esclavitud de los placeres, para los cirenáicos la actitud sería aceptar los placeres de la vida sin dejarse seducir y enganchar por ellos”.

III

Antes de proseguir con aquellas historias antiguas quiero trasladarme al presente y aclarar qué es lo que hoy en día entendemos por salud mental, y qué es lo que la Terapia Gestalt tiene que decir al respecto.

Primero expongo algunas definiciones. Para la OMS, S.M. es “un estado sujeto a fluctuaciones provenientes de factores biológicos y sociales en que el individuo se encuentra en condiciones de conseguir una síntesis satisfactoria de sus tendencias instintivas potencialmente antagónicas, así como de formar y mantener relaciones armoniosas con los demás y participar constructivamente en los cambios que puedan introducirse en su medio ambiente físico y social”.

Otra definición, dada en 1975 durante el I Congreso de Médicos y biólogos catalanes (7) “la salud mental se sustenta en cuatro ejes: La capacidad para vivir de manera autónoma, la capacidad para desarrollar una vida afectiva, la de desarrollar un trabajo gratificante y la de ser solidario con los demás”.

Para Bohoslavsky, “Salud mental incluye equilibrio interno, coherencia, capacidad de ponerse en el lugar del otro, aceptación del rol, tomar al otro como un objeto total, dar y recibir afectos, tener confianza en sí mismo y confianza en el otro”. Y para la doctora Gloria Llaza, de cuya página en Internet he extraído las definiciones anteriores, hay salud mental cuando “se piensa, se dice, se desea y se hace el bien, cuando tenemos coraje para enfrentar la vida y encontramos encanto a la existencia y tenemos autoestima y entusiasmo por vivir, cuando estamos serenos, cuando tenemos capacidad de servir, de amar, de perdonar…etc etc. (8) Y para algunas personas que contestaron en la consulta de Bilbao a un cuestionario que les preguntaba qué era salud mental según ellos, es equivalente a fluir, a poder mental, a transparencia con y hacia los otros…

Cuando leo estas definiciones se me despierta un recelo que paso a explicar. Conceptos incluidos tales como “confianza en uno mismo y en el otro, ser solidario con los demás, capacidad para ponerse en el lugar del otro, serenidad, autoestima, capacidad de perdón”, ¿son universalmente necesarios para considerar a una persona mentalmente sana? Porque a mí me suenan más a deseos bienintencionados inherentes muy precisamente a esta época que a descriptores digamos que científicos

Me respondí con Ruth Benedict quien en los años 50 decidió estudiar, como tal antropóloga, “la conducta humana, no tal como está modelada por una tradición concreta, la nuestra, sino la que subyace a todas las culturas, y enseguida le vi responder: “…porque ningún hombre mira jamás el mundo con ojos prístinos, sino a través de un definido equipo de costumbres e instituciones y modos de pensar, de manera que ni en sus ensayos filosóficos, ni en sus mismos conceptos de lo verdadero y lo falso es independiente de sus particulares costumbres tradicionales”. En su obra “El hombre y la cultura” expuso este punto de vista y lo que encontró a partir de él en sus trabajos de investigación. Entre otros hallazgos muestra como de hecho coexisten sociedades en las que la ganancia del uno es a costa de la pérdida de otro (y las llama “de baja sinergia”) con otras en las que de la ganancia de uno se sigue la ganancia de los demás (“de alta sinergia”). De esta manera, una persona “capaz de ponerse en el lugar del otro”, “con confianza en el otro”, “que da y recibe afecto” será tenida por normal y por mentalmente sana en un grupo de alta sinergia y dejado de lado por inadaptado y mentalmente deficiente en otro de baja sinergia. Aplicándose a este aspecto, muestra como ambos modelos se autojustifican, se perpetúan, se ven y se afirman los poseedores de la verdad. Y, en general, señala cómo la costumbre es la marca que delimita los campos de los sanos, que siguen las costumbres, y los insanos, los a-normales, cuyas tendencias les llevan a contravenirlas.(9)

Ya en terreno de la Psicología, K. Horney redunda en las primeras páginas de su “La personalidad neurótica de nuestro tiempo”: “Si alguien pasa horas enteras hablando con su difunto abuelo sería considerado entre nosotros neurótico o psicótico, mientras semejante comunicación con los antepasados es una actividad aceptada en ciertas culturas indias. Una persona que se sienta mortalmente ofendida si en su presencia se menciona el nombre de un pariente fallecido también será considerada como neurótica, pero en cambio sería tenida por perfectamente normal entre los indios apaches Jicarilla”. Y sigue: “el concepto de normal –de sano mental, diría yo- no sólo varía con las distintas culturas, sino con el tiempo en idénticas condiciones culturales” Yo aporto ejemplos: Leía recientemente cómo había caído en desuso la idea de “caridad” en beneficio de la de “solidaridad”. O: el pasado 10 de Febrero un largo artículo del Pais advertía de que en los EEUU ha comenzado a abandonarse el muy recurrido concepto de “autoestima” por otro nuevo, el de “autocontrol” atrás”.

“Por sólidos motivos, toda cultura se aferra a la creencia de que sus propios impulsos y sentimientos constituyen la única expresión normal de la “naturaleza humana”.(10).

Así que, desde este punto de vista, las máximas y consejos que los griegos se dieron a sí mismos para guiarse hacia la salud procedían a su vez de su propia manera de vivir, eran en una parte importante ideología. Perpetuaban sus condiciones de vida, anatematizaban posibles innovaciones. Repasemos por ejemplo a los siete sabios. Cleóbulo, : “En presencia de extraños ni pelees con tu mujer ni le hagas demasiado caso; esto segundo es de insensatos, y lo primero puede parecer manía”. “Oculta tus males en casa”, dice Tales de Mileto. “Siendo pobre, no censures a los ricos, a no ser que saques de ello gran provecho”, dice Bias. Y Solón: “No digas cosas más justas que tus padres”. Y Quilón: “No muevas las manos al hablar, que es de locos”.

IV

Rodeado de recomendaciones para alcanzar la “Eutimia, o Paz en el Alma, la Eudaimonia o Felicidad, la Sophrosyno o Ataraxia, templanza en el vivir, me costó caer en la cuenta de qué era lo específico del modelo T.G. de Salud Mental. Así que una vez más hago un aparte y consulto los textos, centrándome en dos libros: El Clínica Gestáltica de Albert Rams;y el “Fundamentos de la Gestalt” de Joel Latner, un texto de 1972 que 4 Vientos editó en 1994. Entonces: Salud mental :pivota sobre:

“La capacidad de ser sustantivamente ; un ritmo de contacto-retirada pleno, fluido y adecuado a la necesidad dominante del individuo y el tránsito del apoyo ambiental al autosoporte (Rams).

“Integralidad en la conducta, o participación de nuestra totalidad en nuestro funcionamiento”, “funcionamiento satisfactorio del desarrollo figura-fondo, que se resuelve en la formación y destrucción satisfactorias de las gestalts”, “adecuado conocimiento de las propias necesidades y entrega plena al proceso de resolverlas dentro del ambiente”, “reconocimiento de ese ambiente e inserción creativa en ese medio” y “plena y libre capacidad de percibir el mundo externo e interno que esté al alcance de nuestros sentidos” (Latner).

Añado las conocidas 9 máximas morales en las que Claudio Naranjo sintetizó el estilo de vida de la T.G. “Preocúpate más del presente que del pasado o el futuro; relaciónate más con lo presente que con lo ausente, deja de imaginar: experimenta lo real; siente y observa, abandona los pensamientos innecesarios; prefiere expresar a manipular, explicar, justificar o juzgar; entrégate al desagrado y al dolor como al placer, no restrinjas tu percatarte; no aceptes otro “debería” que el tuyo propio; responsabilízate plenamente de tus acciones, sentimientos y pensamientos; acepta ser como eres”

Rams diagnostica la salud al estilo de la OMS, sin una sola indicación de contenido mental: señala cual es el punto óptimo de funcionamiento. Latner incluye algunos adjetivos como “inserción creativa”, “entrega plena”, y aún diciendo prácticamente lo mismo que Rams, se pone ligeramente más enfático. Naranjo entra por la otra punta: sugiere como “prescripción e ideal” estados de la mente tales que exigen para su logro que la máquina funcione como piden los otros dos.

Caigo en la cuenta de que estoy separando en dos campos opuestos aquello que es producto del momento histórico y aquello que es atemporal y eterno. “La ideología, me estoy oyendo decir, es impura, es contingente, es interesada, es perecedera, es cambiante. Lo que hoy damos por integrado en la salud mental, mañana no lo daremos, y viceversa. La ideología arrastra flecos ideológicos por todo el camino; a mí me sale al día de hoy una identificación del concepto de Salud Mental y de la terapia gestalt más compatible con el pacifismo que con el belicismo; más con la ayuda mutua que con el interés individual, más ecologista que taladora de selvas, y en cuanto me descuido, más de izquierdas que de derechas, más anti Sharon que anti Arafat, más anti-Bush que anti yo qué sé, y más políticamente incorrecto que políticamente correcto”.

Y estas posturas no son , desde luego, iguales a la terapia gestalt. Lo precioso de la T.G. teniendo en cuenta su manera de entender la salud mental. es su objeto y campo de trabajo: creación y destrucción de gestalts robustas; ritmo pleno, fluido y adecuado en el contacto/retirada. Impregnación del individuo pleno en la experiencia plena. Y confianza, confianza plena en que se va a manifestar una conducta congruente con el ambiente, que individuo y ambiente van a latir en el mismo latido, que no se precisan indicaciones ideológicas, que el hombre es sano y punto, y es mundo y punto. Eso es lo que pone al servicio del presente la T.G. y lo que no debe ser perdido de vista.

¿Y la ideología? Me respondo que debe ser como la personalidad, algo propio, algo que aporta a la biodiversidad. Y que la práctica del enfoque Gestalt me dice que me ocupe de atender mis necesidades, que me deje ir con un ritmo adecuado allí donde me lleve la experiencia, que me haga responsable de mis actos, que acepte los cambios generados por el devenir y que lo que resulte de todo eso en mí será mi ideología.

V

Vuelvo la secuencia histórica y llego a Epicuro. Manejo una muy cómoda edición de sus “Obras completas” editada en Cátedra por José Vara: en 120 páginas todo está incluido. Aprendo que nació 220 años después de Sócrates en el 341 a.C. Y escucho al editor situándome en el aquí/ahora de entonces: “…en torno a la fecha de su nacimiento, la vida política, con todo lo que ella entraña, está cambiando de rumbo. La independencia variopinta de las ciudades-estado está llegando a su fin. Eran tiempos de una sola entidad política, movida a los solos dictados de un único señor, George Bush, digo Filipo de Macedonia. Se abrieron guerras sin cuartel por el suelo, en las que si uno ganaba, toda la masa de población perdía (sociedad de “baja sinergia” que diría R.Benedict). La guerra, con todas sus secuelas (inseguridad física, ruina, pobreza y desconcierto) dejó atrás las bonanzas de otras épocas. Por lo demás, el hombre coetáneo de Epicuro adolece también de los males consustanciales a la condición humana: vive día y noche solo, sometido a la voluntad omnímoda y arbitraria del príncipe helenístico y de los tiranos hados, pues la decadencia y el abandono del viejo ritual religioso-político hizo añicos el paraguas que protegía al hombre de las coléricas tormentas divinas…”. En ese contexto prosigue Vara, aparecieron diversas terapias para aquella sociedad tan enferma. Es decir, aparecieron intentos de descripción y también ideologías… Platón y Aristóteles optan por lo primero, por conocer, por investigar. De los demás, unos declaraban que la enfermedad no tenía remedio, y que sólo cabía reconocerlo y resignarse: las escuelas escépticas. Los cínicos, como hemos visto, propugnaban la vuelta a los mandatos de la simple naturaleza, despojando la vida de los atavíos superfluos –es decir, de todos los atavíos posibles-. Los estoicos aceptaban al príncipe y a la Ley cósmica y se reconocían juguetes y renunciaban a la rebeldía. Los epicúreos parten como el resto de la constatación de la infelicidad del hombre, pero entienden que su fin natural no es otro que la felicidad, y que es el goce el vehículo para alcanzarla.

Antes de seguir, me permito establecer paralelismos entre lo que me está contando el editor de Epicuro y la época en la que vivo: bonanzas que quedan atrás, retroceso en el bienestar, sometimiento general a autoridades más vastas, en fin: me suena muy a “globalización”, ese feísimo término para esta desoladora realidad. Cuando veo cómo los antiguos reaccionaron a su realidad histórica tomando partido, dividiéndose en radios divergentes me hace entenderme a mí y entender a mis contemporáneos cuando tomamos partido, “partido hasta mancharme”, cada quien respondiendo a nuestra manera. Me permite no solamente tomar partido, sino probar a tomar cualquier partido, con más o menos ventura en el acierto: soy hijo de mi tiempo como ellos lo fueron, y mis producciones también lo son. A veces se acusa a la T.Gestalt de sesentaiochesca, de hippie, de ideologizada. ¿Es compatible querer alcanzar un conocimiento empírico, trabajar con unas bases fenomenológicas y sentir en uno mismo la marea de flujo y reflujo de ideologías que van y vienen con los acontecimientos, con los años Es compatible. Es incluso necesario. No es compatible, entorpece la necesaria objetividad.” “Pueden decirse muchas palabras en un sentido y en el otro” (Homero).

Epicuro “pasó de política”, dejó de lado entrar en ese campo, sustituyéndola por la reflexión y la convivencia entre amigos. Predicando con el ejemplo propugnó la plena participación en la vida, y para lograrlo atacó con sus mejores armas el aparato de terror que suponía para sus contemporáneos el complejo dioses/ astros fatales/ muerte/ ultratumba. Preconizaba que para alcanzar el goce era necesario el conocimiento, y que la ignorancia era un obstáculo principal y que nuestra única guía para el conocimiento es aquello que perciben nuestros sentidos, como el placer y el dolor. Las sensaciones sensoriales son fiables, el error viene de interpretaciones impropias de esa sensación. El sabio vive apartado del mundo, cultivando el goce, concebido como ausencia de dolor físico y de turbación psicológica.

. Su sistema cuajó y se transmitió por la vía de la amistad, y resultó sorprendentemente más duradero que sus congéneres (A finales del siglo pasado se encontró un muro-monumento que mandó erigir un seguidor de su doctrina que vivió 5oo años después de la muerte del maestro; a lo largo de 100 metros de panel de piedra hizo tallar una inscripción exponiendo la doctrina que le había llevado en vida a la felicidad). Tan saludable impresión da lo que queda de su obra que no hallo la manera de seleccionar un trocito que hable aisladamente de salud mental. Suministro la dirección donde bajarse una corta obra suya, la “Carta a Meneceo”, por sintética y útil (11)

Aunque los estoicos puedan parecer todo menos parientes de los gestaltistas, Marco Aurelio, estoico y emperador romano, rezuma a mi parecer sensatez básica en sus propuestas Es la antiespontaneidad ”.por antonomasia, sin embargo le quiero. Cuando Rams habla del componente de gratitud que hay en ese “estado de gracia” que es en sí mentalmente sano, recuerdo la serie hermosísima de agradecimientos con la que abre sus “Meditaciones”: “De mi abuelo Vero –comienza- el buen carácter y la serenidad.”

Y al mismo tiempo le veo como uno de esos precursores del surrealismo que Breton antologizó en su “Antología del humor negro”. Veamos: “Al despuntar la aurora, hazte estas consideraciones: me encontraré con un indiscreto, un ingrato, un insolente, un mentiroso, un envidioso, un insociable…”. Me pregunto porqué me siento afín a este hombre voluntariamente severo consigo mismo, casi morboso en su continuo advertirse que la felicidad es infinitamente transitoria y la putrefacción acecha en cada rincón del espacio-tiempo, y me pregunto si se puede ser estoico y gestaltista, y no veo inconveniente en serlo, con tal de ser ambas cosas y que la una no tuerza la otra.

Y al irme a despedir de las escuelas griegas me encuentro con los escépticos, que se despliegan desde Pirrón, en el 400 a.C. a Sexto Empírico, en el I d.C.. Su nombre se traduce por “los que observan”, y a través de un análisis radical de las afirmaciones de las demás escuelas llegan a concluir que no existen valores absolutos; que no hay un bien universal sino distintas opiniones y distintas costumbres según el momento y el país (es decir, lo mismo que nuestras antropólogas antes citadas). El sabio escéptico escapa de la rueda de la especulación filosófica a base de aceptar que el pensamiento no es capaz de explicar la realidad; reconoce que el valor de las cosas se transforma continuamente en relación al sujeto que las valora. Suspende el juicio y alcanza la imperturbabilidad. Los escépticos afirmaban que “nada es más que su contrario”, y fueron campeones en la dialéctica de la negación, en el “no es ni esto ni eso otro”, un camino que lleva invariablemente al vacío central de cada cosa..(12)

VI

Ahora, llegado al final del periodo que me propuse visitar, me esperan las conclusiones. He visto distintas maneras de enfocarla búsqueda de la felicidad. Algunas, como la de Epicuro y la de Aristipo y sus cirenáicos,

Cercanas a postulados gestálticos; otras, como las estoicas o las variadas atribuidas a los siete sabios, lejanas en principio a nuestras costumbres. Somos descendientes suyos por vía directa; Freud ya se encargó de prolongar las raíces de la psicoterapia hasta aquel entonces.

Más o menos afines, más o menos de mi gusto, lo cierto es que todas hubieron parte en la responsabilidad de construir nuestro mundo tal y como ahora lo conocemos. Entonces ellos no miraban a ver qué íbamos a pensar de ellos, sino que se aplicaron a vivir y resolver sus problemas. Y a nosotros han llegado restos, fragmentos, sombras de su vivir cotidiano. ¿Cómo saber qué era en realidad lo que propugnaban, qué aprobaban y qué censuraban si jamás vimos su mundo la plasmación de todo esto en algo concreto y real?

Podía haber evocado el espíritu estoico de Quevedo y ver cómo encarnó, dieciocho siglos después, los ideales senequistas, pero he preferido traer a un casi coetáneo suyo, aquel a quien los españoles llamaban Don Miguel de la Montaña. Invoco, pues, a Don Michel de Montaigne, nacido en Burdeos el año 1533. Le traigo como síntesis viva de las tradiciones que hemos ido viendo. Por educación y por vocación vivió como un hombre de letras y leyó y manejó a diario el corpus íntegro de la cultura clásica, y cuando le leemos vemos que aquellas lecturas fueron para él verdaderas charlas vivas con aquellos viejos autores, con Sócrates con Epicuro, con los estoicos, con todos ellos. Nadie como Montaigne ha salvado con absoluta naturalidad dos mil años para conversar con los clásicos, y no hay otro como él para traerlos hasta hoy en día, no como autores primitivos, sino como contemporáneos nuestros, como buscadores que, en la época que les ha tocado vivir buscan apasionadamente respuestas y leyes para el mejor vivir.

“Mi oficio y mi arte es vivir”. Conócete a ti mismo, decíamos que escribió Quilón en Delfos. Pues bien, Montaigne se agarró a este consejo y lo convirtió en el centro de su vida y su tarea. “Preferiría entenderme bien a mí mismo que entender a Cicerón. Con mi propia experiencia tendría bastante para hacerme sabio, si fuera buen estudiante”. Y, ¿cómo procuraba conocerse este hombre?. Atendiendo al momento presente. Momento a momento. Integrando cuanto acontecía en su pensamiento, sus sentimientos y cada uno de sus sentidos. Haciendo de aquel material sensible el único válido para sus indagaciones, y , aún éste, sometiéndolo siempre a la certeza de que nada hay de verdaderamente cierto en el conocimiento del hombre.

“Hace varios años que soy yo el único objetivo de mis pensamientos, que no analizo y estudio más que mi propia persona… Quizás quieran que dé testimonio de mí, con obras y hechos, y no sólo con palabras desnudas.. algunos de los hombres más sabios y devotos vivieron huyendo de cualquier hecho evidente. Los hechos hablarían más acerca del destino que de mí.(13). Me expongo por entero, como una anatomía … no describo mis gestos, sino mi persona, mi esencia. Sostengo que se ha de ser prudente al juzgarse uno mismo e igualmente serio al dar testimonio, ya sea elevado, ya sea bajo, indistintamente. Si yo me pareciera bueno y sabio, o algo parecido, lo proclamaría a voz en grito. Decir menos de uno mismo de lo que se es, es necedad, y no modestia… Ocuparse de uno mismo les parece que es complacerse en uno mismo; tratarse y observarse, quererse demasiado. Puede ser. Mas ese exceso sólo nace en aquellos que se palpan superficialmente, que se miran después sus asuntos, que a ocuparse de sí mismos, a formarse y construirse, a hacer castillos en el aire llaman ociosidad y fantasía, considerándose cosa secundaria y ajena a ellos mismos…Sólo tenemos noticia de dos o tres clásicos que hayan explorado este camino: y además no podemos decir si lo han hecho de esta misma forma, pues solo conocemos sus nombres. Desde entonces, nadie ha seguido sus pasos. Espinosa empresa es, y más de lo que parece, el seguir andadura tan vagabunda como la de nuestra mente…”

Este sabor es el de toda su obra, cuyo objeto es siempre él mismo. Leer a Montaigne es, más que un placer, muchos placeres juntos, y quien no haya hecho la prueba que pruebe. El fue el mejor escritor de ensayos, algo así como el modelo y el santo patrono de los ensayistas. El dio la libertad, la espontaneidad y la naturalidad a este género al que me he acercado con este escrito. Buscando en Internet encontré una dirección espléndida, donde el autor de la web (M.A.Frontan) pone a nuestro alcance no menos de veinte ediciones de su obra, en castellano, en francés antiguo y moderno, en… en fin; y encima la presentación es deliciosa.(14). En uno de los links que propone aparecen las “57 sentencias pintadas en las vigas de la biblioteca de Montaigne”. No sé si las puso allí para releerlas a menudo o porque le encantaban los graffitis, pero voy a traducir algunas, aquellas que con más inmediatez me recuerdan el sabor de las propuestas T.G. de salud mental.

“El fin del saber para el hombre es considerar como bueno aquello que sucede y despreocuparse de lo demás” (Eclesiastés)

“No es más “así” que “asá” o que “ni así ni asá” (o bien: “no es más de esta manera que de aquella o que de ninguna de ambas maneras”) Sexto Empírico, de los escépticos antes citados.

“No entiendo” (de nuevo Sexto Empírico).

“Quien no es nadie, si cree ser algo, se seduce a sí mismo y se confunde” (San Pablo)

“Goza agradablemente el presente, el resto está lejos de tu alcance” (desconocido)

“Los hombres son atormentados por la opinión que se hacen de las cosas, no por las cosas mismas” (Epicteto)

“Soy hombre, considero que nada de lo humano me es ajeno” (Terencio)

Y ahora me toca despedirme Tratando este ensayo acerca de la historia, ahora me desplazaría doscientos, quinientos, mil quinientos años hacia el futuro y buscaría el rastro de nuestra escuela de la T.G. para ver qué papel llegamos a jugar, qué aportación hicimos a la tarea de encauzar al individuo y la sociedad por el ancho margen de la salud mental. No gozamos de esa bula de los textos griegos, a los que tratamos como si fueran todos tesoros de conocimiento, sino que el aluvión de letra impresa nos arrastra junto con fragmentos y resmas de papel, así que mucho habremos de hacer y mucha consideración habremos de alcanzar para ser recordados por alguien más que por los paleontólogos del saber… Nuestra época sí que ha definido el qué sea la salud mental, y le está dedicando ya cien o doscientos años a su estudio y legiones de profesionales a su práctica; al mismo tiempo, bien es verdad, que nos propina unas condiciones socioeconómicas de vida que para nada tienen en cuenta a la tal salud, imponiendo sin previo estudio de impacto horarios, desplazamientos, hipotecas y gastos (y agujeros en la capa de ozono Pero no podré trasladarme al futuro, así que no me quedará más opción que trabajar ahora como mejor sepa. Como dirá Gandalf cuando se estrene la 3ª parte del Señor de los anillos,…

“No nos atañe a nosotros dominar todas las mareas del mundo, sino hacer lo que está en nuestras manos por el bien de los días que nos ha tocado vivir, extirpando el mal en los campos que conocemos, y dejando a los que vendrán después una tierra lista para la labranza. Pero que tengan sol o lluvia, no depende de nosotros…” (15)

NOTAS

(1) “Se saca maravillosa luz para el juicio humano del trato con el mundo. Estamos encogidos y replegados sobre nosotros mismos y no vemos más allá de nuestras propias narices.(p.47). “Por este motivo el trato humano es muy conveniente, y el visitar países extranjeros, no para volver sabiendo únicamente… curiosidades…, sino para volver conociendo sus caracteres y maneras y para frotar y limar nuestras seseras con las de otros…” M. De Montaigne: Ensayos. Ed. Del Círculo de Lectores, pags 47 y 43.

(2) “desde entonces, el objeto de la verdad, el fin de la investigación intelectual, se mueve cada vez más hacia lo abstracto y universal: a los dioses particulares les sucede “lo divino” y finalmente “el ser”… Es entonces cuando Sócrates saca una consecuencia que se convierte en fórmula de valor permanente para el pensamiento occidental: no se da propiamente la sabiduría sino sólo el amor a la sabiduría; no hay sophía sino philo-sophía” Snell, en C.García Gual. Los siete sabios (y tres más). Alianza editorial.

(3) L. de Creszenzo: Historia de la filosofía griega, vol I p.23. Seix Barral editores.

(4) F. Cavalli-Sforza: La ciencia de la felicidad. Edit. Mondadori.

(5) L. de Creszenzo. Idem, pag 57.

(6) que hoy, psicoterapeúticamente diríamos “de los deseos, de los enganches”, no de las necesidades; véase como ejemplo a Antístenes diciendo que…” hay gentes que , pese a comer sin cesar, no muestran signos de saciedad. Yo, en cambio, pobre de apariencia, duermo como y bebo donde más me place y tengo la impresión de que todo el mundo me pertenece. Para que los alimentos se vuelvan más deseables, me abstengo de comer durante algún tiempo y después de un solo día de ayuno cualquier alimento que me llevo a la boca me parece de grandísima calidad. Cuando mi cuerpo siente necesidad de amor, me uno con una mujer fea, y así ella, como ninguno la desea, me acoge con grandísima alegría”. Como vemos, atiende bien a sus necesidades, si bien mantiene a raya sus caprichos..

(7) J.Corbellá y otros: La mente y sus redes. Edit. Plaza&Janés.

(8) http://www.ucsm.edu.pe/ciemucms/pages/salme.htm

(9) que cada cultura rotula como mentalmente enfermos a quienes se desvían de las normas, de lo normal, y sin embargo aceptan sin rechistar a aquellos individuos que desarrollan hipertrofiadamente los valores normales. Esto incluye a los fanáticos, a los puritanos (en la cultura judeocristiana), a los hiperpatriotas etc. En estos casos, la sociedad no reacciona, queda literalmente a merced de estos extremistas, mientras resulta simultáneamente refractaria a quienes promueven novedades sociales o éticas que un observador ajeno tendría por potencialmente beneficiosas para esa cultura. Piénsese en los pacifistas y su acogida en los momentos álgidos de cualquier conflicto. Tengo a la vista el ejemplo del monje vietnamita Thich Nhat Hanh cuenta en un poema de “Llamadme por mis verdaderos nombres” (Ediciones La Llave) acerca de cuando, en plena guerra de Vietnam, allí estaba prohibido decir Paz, “porque significaba ser derrotista y ayudar a los comunista”.

(10) K Horney:La personalidad neurótica de nuestro tiempo. Edit. Paidós.

(11) http:/www.economia.ufm.edu.gt/mpolanco/epicuro.htm

(12) Remito al lector al libro “El círculo de la sabiduría” de Ignacio Gomez de Liaño, Edit. Siruela, “ vols. En un capítulo del el segundo volumen, desarrolla las relaciones historicas, que hace aparecer como muy estrechas, entre este escepticismo griego y la dialéctica de Nagarjuna, y ambas teorías nos remiten al vacío, al vacío y la forma, al vacío fértil. Me parece una obra erudita y exigente para el lector, pero tremendamente interesante.

(13) En cuanto a los hechos que testimoniaran por su vida, la de Michel de Montaigne los tuvo y de mucho y muy general provecho. Cuentan sus biógrafos que trabajó en los tribunales, donde aprendió escepticismo. Más tarde, siendo católico logró ser mediador del jefe de los protestantes, Enrique IV, y esto en plena guerra de religión. Su talante conciliador le llevó a resolver, siendo alcalde de Bordeaux, el cerco que los protestantes tenían levantado a su ciudad. Sólo cosechó enemigos entre los extremistas de ambos bandos

(14) http:www.geocities.com/montanus97/montaigne0.htm.

(15) Tolkien, “El señor de los anillos”, vol.III, capítulo “la última deliberación”.